POLÍTICA Etno Estado y crisis estructural en Colombia Juan Carlos Morales Peña Juancarlos_mrls@yahoo.com.mx | ||||||||
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Entre Hobbes y Rousseau
Colombia podría definirse como un escenario donde se desarrolla una “balcanización política”, en estado avanzado de gravedad; dado que la composición étnica de sus sociedades, no obstante es diversa, no se ha constituido en la línea primaria de choque entre los cleavages histórico-estructurales que le asedian. | |||||||
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En Colombia existe una crisis estructural que debilita el diseño político que históricamente ha intentado su propia viabilidad. Es en sí mismo un diseño que plantea un concepto de organización social y económica, que no acepta alternativas, que funge con la perspectiva de “absorber estratégicamente” a las disidencias; como mecanismo más eficaz para desarticular los Estados paralelos y recuperar así el monopolio de la fuerza en una dimensión nacional.
Es un centro político cuya energía busca capitalizar un núcleo madre que se erija como el conductor de una entidad estatal que sea capaz de insertarse en la economía internacional; y que no es viable porque no ha superado una suerte de “complejo de confederación germánica” que plantea a la nación como compartimentos estancos enfrascados en el estado de naturaleza hobbsiano. Colombia es un ensayo político que ha recurrido cíclicamente a los conflictos armados, pero que no ha generado una visión de Estado ampliamente compartida por las facciones enfrentadas.
Naturaleza de la crisis
La crisis estructural colombiana ha implicado un desajuste grave entre Estado, sociedad y economía, ello ha procurado que el campesinado de las periferias no se identifique con esa ciudad fortificada de Bogotá, donde no se entiende la realidad de las comunidades en la selva o en las montañas; y sobre todo donde históricamente se ha planificado un futuro en el que se sobre pone una idea de progreso, que no coincide con los proyectos de vida social de esas comunidades, pero que sí se ven alimentadas por las perspectivas de otros poderes fácticos que están próximos y hacen practicables determinados horizontes.
En Colombia la república indiana fue una construcción histórica debilitada por la realidad estructural de las relaciones de poder, que se conformaron entre grupos étnicos desde la colonia. El indígena es minoría en Colombia y por lo tanto está limitado en su posibilidad para incorporar una visión étnica al proceso político que articula al Estado. Además la realidad del indígena colombiano, es la de un espacio cultural afincado en la periferia de la civilización de las grandes naciones andinas de la antigüedad, donde su peso y visión de la realidad adquieren proporciones mayores.
En Colombia se trata de un indígena de orígenes más tribales, de comunidades étnicas en donde la idea de imperio de sus vecinos quechuas y aymarás descendientes de los incas; buscan en sus luchas el arribo al “Pachacutik”. Un Estado ideal que intentan articular con su práctica política y su realidad como naciones recluidas en fronteras territoriales que minan su cuerpo social como un todo de identidad mayor.
El indígena colombiano relativamente no ha tenido una tradición de rebelión contra los esquemas de dominación que se han sucedido, ni han tenido en sus filas a un Tupac Amaru que los haya liderado con la fuerza de un consciente colectivo y movilizado en la dirección de un proyecto político diseñado desde abajo y desde sus particularidades de identidad.
Una de las excepciones más notables de lo anterior fue la constitución del grupo guerrillero Quintin Lamé, que plantea la violencia armada como un mecanismo eficaz de carácter auto defensivo. En su concepto social la lucha armada es un medio que se legitima por una necesidad colectiva de supervivencia en el estado de naturaleza. Históricamente el indígena ha sido subordinado a una especie de minoridad política; y dado que los criterios racionales –herencia de la ilustración– supuestamente presentes en las élites del centro político, han fallado porque no han operado satisfactoriamente en la gestión de la realidad social de las comunidades y grupos étnicos que conforman el mosaico de la sociedad colombiana.
Posteriormente se ha producido un experimento donde renace con fuerza la idea de identidad, el imperativo de la reivindicación. Acá en esta experiencia se ha empleado la liberación nacional como otro esquema de inflexión social y política que Bergalli nos ha sugerido y que anteriormente adapté al caso colombiano.
El intento de etno-Estado
Mientras acontecía la crisis del socialismo real y la desintegración del bloque soviético, algunos referentes de diseño político que orientaron la lucha armada y social en los países subdesarrollados, perdieron coyunturalmente fuerza. En teoría el nuevo escenario en el espacio post soviético, presentó la emergencia de fuerzas profundas de parte de grupos étnicos y naciones que mediante el estado de guerra apuntalaron sus proyectos sociales por la idea del etno-Estado, desmantelando en ese proceso Estados federales muy centralizados donde el modelo cívico de ciudadanización en contextos de sociedades multiétnicas y multiculturales, simplemente entró en crisis.
En Colombia el intento de etno-Estado constituyó otra expresión de la crisis estructural y dejó demostrado que el indigenismo puede relanzar conceptos sociales basados en la identidad cultural y el origen étnico y que, además, puede ser capaz de tomar como modelo recursos seculares de articulación del poder público, propios de las nociones de civilidad en occidente. Recuérdese que la otra frontera física e histórica del etno-Estado, ha sido la distancia planteada entre las montañas y la gran orbe; entre la selva virgen y el tumulto ascendente de la civilización al estilo occidental.
El refugio en el interior de la naturaleza y la movilización constante de la frontera para aislarse, resulta más complicado en la medida que el contacto con el mundo económico regido por el mercado convierte a los nativos en consumidores y sin su consentimiento. Con ello se pretende cerrar un ciclo de la conflictividad social. | ||||||||