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El ejercicio de la libertad de prensa tiene a escala mundial una cornucopia de fuentes de agresión donde se incluyen bandas delincuenciales, cárteles de la droga, organizaciones rebeldes alzadas en armas, grupos paramilitares, partidos políticos, empresarios, etc. Pero también, en muchos casos, esas fuentes de agresión incluyen a las propias autoridades de gobierno o a representantes de sus instituciones, como los casos registrados en las últimas semanas en nuestro país.
Uno de esos casos lo señalábamos en la nota editorial correspondiente a la primera quincena de abril (ver nuestro sitio electrónico); el segundo, es el que ocurrió en la mañana del pasado jueves 17 de abril, en El Salitre, municipio de Nejapa, al norte de la capital salvadoreña. Ambos casos, por supuesto, son condenables. Pero lo más preocupante es que dichas faltas contra la libertad de prensa fueron cometidas por representantes de la misma institución: la Policía Nacional Civil (PNC).
La segunda agresión que estamos señalando fue contra el periodista de Radio Juventud, Mario Antonio Berríos, quien luego de ser detenido por agentes de la referida corporación policial fue objeto de maltrato en lo que, según la información dada a conocer por LPG, hubo abuso de autoridad. Esa situación nos obliga a preguntarnos: ¿Qué está pasando en la PNC, o es que acaso en su proceso de formación no se les ilustra sobre el irrestricto respeto a los derechos fundamentales de las personas?
A nuestro juicio, ya han quedado muy atrás las décadas aquellas cuando los cuerpos de seguridad, bajo órdenes superiores generalmente, eran fuentes primarias de agresión contra la prensa y los derechos humanos de la población en general, como lamentablemente volvió a repetirse recientemente en el Complejo Educativo Dr. Humberto Romero Alvergue, en el barrio de San Jacinto, donde las agresiones policiales dejaron como saldo a estudiantes con lesiones.
Ciertamente, El Salvador mantiene una aceptable posición dentro de la clasificación que anualmente realiza Reporteros sin Fronteras sobre el respeto a la libertad de prensa a escala planetaria. De una lista de 169 países, El Salvador ocupa la casilla 64, mucho mejor ubicado que Guatemala y Honduras, pero con cierta desventaja respecto a Costa Rica (21) Nicaragua (47) y Panamá (54). Pero no hay que cruzarse de brazos y dejar que el tiempo borre esos desmanes. La impunidad es la luz verde que alienta la violencia, la ilegalidad y la injusticia.
Además, hechos como los citados no sólo pueden afectar ese posicionamiento mundial que tiene el país, sino también, y lo que es peor, erosionar el paulatino proceso de construcción de la democracia plena que vive El Salvador. Por tanto, combatir ese tipo de actitudes enemigas de la libertad de prensa y del resto de derechos fundamentales, en cualquier institución del Estado, es algo perentorio, es decir, inaplazable.
A esa situación hay que agregar que el ejercicio de la libertad de prensa es un derecho que tiende a volverse mucho más frágil en contextos preelectorales y electorales y, justamente, estamos entrando a esas etapas en nuestro país. Conveniente sería pues, que, en tal sentido, las autoridades respectivas implementaran de inmediato un proceso de retroalimentación en materia de derechos humanos al interior de la PNC, y a todo nivel. Todo ello porque es urgente preservar los escasos peldaños ganados por la democracia y, porque además, los oprobios del pasado no deben repetirse.
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Reflexión
El tigre y el canario
Sepa usted, señor mío, que me vanaglorio de que a su mismo lado me tengan enjaulado –le dijo un Tigre al pávido Canario, que también se encontraba prisionero soportando ese mísero calvario, ni más ni menos como el Tigre fiero.
–Yo también, señor Tigre, y mientras no peligre, celebro que a su lado me hayan colocado –le contestó el Canario un poco serio. Y luego le pregunta: Diga, amigo, ¿por qué es que nuestro pérfido enemigo lo tiene en tan penoso cautiverio?
–Porque soy sanguinario (le contestó al Canario el terrible felino). Y sobre usted vecino, ¿cuál es la seria acusación que pesa, que lo tiene sumido en tal quebranto?, y contestó el Canario con tristeza: –A mí me tienen preso porque canto.
La vida, más o menos, a todos nos da palos; a los unos por malos y a otros por buenos.
(León Sigüenza, salvadoreño)
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