EL AÑO 2007:
PARA QUE SEA MEJOR, REALIZAR CAMBIOS ESTRUCTURALES
Carlos A. Abarca Vásquez lobo2249@yahoo.com
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Con la llegada de cada fin de año también surgen las voces calificadas de diversas instituciones regionales o mundiales que anuncian con bombo y platillo las bondades económicas o incluso los tropiezos en la materia que han experimentado las diferentes naciones a lo largo del año.
Para el caso, recientemente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha dicho que Latinoamérica crecerá un 4.5% durante 2006 y que entre los países que más lo harán se encuentran Argentina, Chile, Perú y Colombia.
Siguiendo esa misma tónica, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ha asegurado que en el mismo año la región latinoamericana tuvo una sensible baja en el índice de desempleo y que ello se ha hecho sentir más en países como Argentina, Uruguay, Panamá, Venezuela y Colombia. Sin embargo, al parecer no hay buenas noticias para naciones como Haití, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, entre otros.
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Es más, la misma CEPAL ha señalado que aunque en algunos países se hayan generado más puestos de trabajo, éstos no lograron convertirse en empleos de calidad. En otras palabras, Latinoamérica sigue siendo una gigantesca planta maquiladora caracterizada por trabajo precario, volátil o efímero, y donde la riqueza pasa por cada territorio pero no se detiene y mucho menos se invierte en el desarrollo humano de cada país.
Una muestra palpable e inmediata la tenemos en El Salvador, donde hace pocos días una funcionaria del Banco Mundial (BM) habló sobre su innegable crecimiento económico. De hecho, se afirma que para 2006 experimentará un crecimiento del 4.2%, superando el 2.8 del año pasado, y que el crecimiento actual no se daba desde hace diez años. En términos generales eso es positivo. Pero el problema es que la población en general, sobre todo la más pobre y vulnerable, no percibe tal crecimiento o, mejor dicho, no se mira beneficiada. Así lo han estado revelando diversos estudios de opinión local.
En otras palabras, todo indica que los beneficios del crecimiento económico que revelan las instituciones regionales e incluso nacionales, siguen concentrados en pequeños grupos y que a las inmensas mayorías latinoamericanas no les queda más que continuar resistiendo los embates de la pobreza mientras esperan que los gobiernos implementen medidas o políticas públicas que distribuyan de mejor forma esa riqueza a la que también contribuyeron cotidianamente a lo largo del año mediante un trabajo asalariado y, muchas veces, de mala calidad. Solamente así, mediante la redistribución de la riqueza, es posible avanzar hacia sociedades más equitativas y humanas.
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